7 may. 2017

NADA/TODO


Y…?
Nada.
Me dijeron eso de escribir mis memorias
y las páginas se enumeraban en blanco.
Nada.

¿Qué les puedo contar?... las páginas pasan.
Nada.

Vivo como el que…  más o menos vivo,
según dicta el Sr. Sistema
y me permite la Sra. Comuna.
Eso sí, seguro de mi,
de quien soy y puedo… eso creo.
Nada.

Poco más,
que ya es algo más que todo en blanco.
A decir verdad y según lo dicho, menos,
pues eso y poco es nada… todo en blanco.
Nada.

¿Al fin y al cabo,
qué sentido tiene vivir… y morir?
Tanto sufrir, llorar, padecer, luchar… y reír.
¿Qué les voy a contar?
Nada.

Y vine a este llorando,
¿Quizás intuía donde venia?... donde estoy es...
Nada.

He borrado mis memorias, ¡Total para nada!
No sirve de Nada.

He guardado donde se esconde el alma mi Todo:
Amor, pasión, alegría, decoro, humildad… 
para que Nada no me lo robe y Todo permanezca.



Todo o nada.

MONSTRUOS DE HORMIGÓN

EL PRECIO DEL PROGRESO
(Conflicto macroeconomía/ser humano)

Estructuras de hormigón y hierro se convierten en la deidad venerada por la sociedad.

Objetivos, metas, productividad, beneficios, lucro… ¡Más y más! “Es lo importante, 
lo que importa”.

Se crean monstruos dirigidos por el egoísmo, el materialismo, la ambición de la codicia que devora la salud de la humanidad (nuestra salud), el entorno natural (animales, ríos, plantas, océanos y mares), el planeta (nuestro hogar).
 
El ser humano queda relegado a un segundo plano (hogar y familia no son lo preferente). “Robotizados” a tener que admitir, aceptar y adaptarse a las circunstancias de un SISTEMA que nos aborda… “Sin vida propia”.
Presionados, manipulados, acosados por las normas que otros imponen en “beneficio” y en contra de todos.

Debería existir una sinergia entre las necesidades e inquietudes de las personas (la sociedad) y las de la empresa, entre las estructuras de producción y las del ser humano;  de manera que se consiga no estar sometidos. Que de una vez por todas podamos sentirnos vivos, libres, primordiales, con “Calidad de vida” (salud, tiempo y dinero).

Debería existir una simbiosis entre las necesidades de producción y aquellas que dan bienestar al medio ambiente (el entorno natural); de manera que se asegure y se mantenga la salud del planeta (nuestro hogar).

Y puede que suene tan bonito en los oídos que trascienda a lo absurdo, a lo imposible, insostenible, inadmisible. ¡Quizás! Lo mejor, lo más cómodo, lo factible sea seguir viviendo al límite.

Y el monstruo de hormigón seguirá devorando, disipando la salud de la humanidad, la salud del planeta en “beneficio” de unos pocos miopes. Aquellos que manejan los hilos de una…


“Sociedad Robotizada”
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