Quiero compartir estas letras con ustedes.

Quiero ser el susurro de mis emociones en sus labios…

Decirles que yo, un “Sencillo hombre de a pié…” soy el escriba de estos versos, de esta prosa poética que me dicta un “Duende” desde el subconsciente creativo; él es el verdadero poeta, el creador, “El loco”.

Agradezco a todos los que siguen “El camino…” sus comentarios. Es de gran ayuda y un placer ver como interpretan y hacen suyos los versos del “Duende”. Es un deleite sentirles tan cerca.

Gracias por estar ahí, ahora son parte de mí… Un fuerte abrazo.

6 may. 2009

EMPACHADO





¡Harto, que harto, estoy harto…!

Enfadado, tirante, aburrido de la rutina, cansado del “Siempre lo mismo”. Repelente, irritado, estúpido, cabreado, receloso…

Que repetitivo puede llegar a ser todo.
¡Estoy harto! y no me sirve de nada.

Cuanto más harto estoy, más me cabreo, cuanto más me cabreo, más me equivoco.

Puede que solo sirva como desahogo…

¡QUE HARTO!

NUESTROS MAYORES





Respetar, proteger,

cuidar a nuestros mayores.


Tornar…
Donde todo empieza, termina.
Regresar a la esencia
de nuestras raíces.
Luz, energía, conciencia.

Me cuesta encontrar los recuerdos,
tendré que esperar a la vejez,
hacia donde los recuerdos vuelven
y se evocan las reflexiones.

Envejecer,
de la primera fila a la tercera…
“La tercera edad”.

Donde serás tratado como un niño; 
aquella en la que volverás
a ser niño.
Como un niño
con sus manías acentuadas:
Travieso, imprudente,
que no concibe, se olvida,
que se distrae,  no escucha,
que se queja, se entristece, censura,
que pierde los modales, las formas…
Las fuerzas.

Como recién nacido
que no puede valerse por sí mismo,
que necesita todo el cuidado y atención
de sus seres queridos.

Y sentados en “La tercera fila”,
se recargan de viejos recuerdos
de cuando estuvieron al frente,
en primera línea,
disfrutando, luchando,
viviendo a tope. 
Forjando los cimientos
de aquellos que vendrán…

Agradecer, Envejecer… Vejez.



JUICIOS DE VALORES




Simpático, chulo, estúpido, grosero, agradable, educado, inteligente, simplón…
Prejuzgar, calificar, definir, opinar.
No se debe clasificar sin antes profundizar.
La verdadera persona se encuentra detrás de todo aquello que a primera vista vemos en ella.
Las primeras impresiones no suelen ser las acertadas. Las personas, a priori, tendemos a proteger nuestra intimidad y generalmente no nos mostramos tal y como realmente somos.  Mantenemos las formas lo mejor que sabemos, sin ser estas, las de mayor o menor agrado para los demás. Por lo tanto y en el caso, solo deberíamos opinar sobre alguien cuando se le conoce con tiempo suficiente. Probablemente, si no lo hacemos así, más de una vez metamos la pata. 
Todo esto se percibe si se presta, si se tiene el verdadero interés en ir más allá de lo aparente; en buscar, en conocer a la persona que se encuentra dentro.
La cuestión empieza y termina, cuando no hay el mínimo interés.

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